La muerte de Virgilio, Sergio Alejandro Amira

El relato fue concebido en social networking y google hangout, en un intercambio via “chat” entre Sergio Alejandro Amira y Virgilio Leonardo Ruilova. Hubo consenso para escribir una novela que indagara profundamente en el pasado del protagonista. El escritor Gonzalo Villar, de Editorial Altazor, la describió como una nouvelle cómica, extraña, misteriosa y atrayente, sentí que esa definición calzaba perfectamente con mi propia vida, si me propusiera reflexionar sobre ella en el presente. Nadie más autorizado que Gonzalo para emitir un juicio, ya que me conoce desde mi juventud.

Ahora soy el Quijote que se enfrenta a Cervantes.

Cabe señalar que la novela sobre mi vida no es totalmente autobiográfica, sino una mezcla perfecta entre realidad y ficción, llevada a cabo talentosamente por el escritor Sergio Alejandro Amira. Otros acontecimientos relevantes quedaron pendientes, de hecho fueron pensados para ser contados en libros posteriores. En un principio Sergio Alejandro Amira concebió este libro como una trilogía, pero con el tiempo se descartó esta idea por motivos personales que me atañen en forma directa. Debo confesar que me sorprendió gratamente que Karlés Llord hiciera una reseña en la contraportada de esta novela, debido a rencillas que sostuvimos hace muchos años. Esta fue una forma de reconciliarnos y de limar asperezas

Nunca pensé que se iba a contar sobre mi vida en una novela, a pesar de que esta ha sido bastante intensa. Mi búsqueda de la espiritualidad me llevó a conocer y participar en muchos credos y en agrupaciones de caracter sectario, por supuesto, me encontré con charlatanes y también con gente valiosa que influyó de manera positiva en el ser humano que soy hasta ahora. Debido a esta experiencia de vida me interesa en el presente el ecumenismo y la antropología de la religión, soy un buscador incansable del conocimiento.

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El alquimista de los setos

Es un día luminoso, la atmósfera es casi onírica, hace poco calor, el sol apenas deja abrir los ojos. Podría inspirarme cierta tristeza, los días luminosos suelen parecerme deprimentes, pero esto es diferente.

Estamos caminando por un jardín, al fondo se ven álamos, intuyo pastizales extensos más allá, a lo lejos puede apreciarse una construcción blanca y enorme levantada por el clero hace muchos años en este lugar.

Junto a mi, Sergio Alejandro vestido más formal de lo acostumbrado.

Recorremos el sendero y llegamos a una pared de pinos, perfectamente cortados, rodeados por una reja blanca de hierro forjado.

Mantengo la mirada en el resto del jardín, en aquel edificio pálido y grande, que evoca al Concilio Vaticano II y sus conflictos con la antiquísima ortodoxia.

Me acerco, camino por el exterior del jardín, creo entrever formas, lo hago con la mirada perdida en las hojas, aparecen formas fantasmales, lo que es absolutamente imposible en medio del día. Me recuerda una parte del Salmo 91, quinto versículo, donde se habla de una mortandad que destruye al devoto en medio del día. No corresponde que una entidad inmaterial se manifieste en este lugar.

– Sergio, esto me huele a otro tipo de laberinto, de los que habla Borges citado por Karlés Llord en el primer tomo del Ciclo Inferno.

– Virgilio, pasemos…

Tras los setos se asoma un jardinero.

– Señor, buenas tardes… quisiera consultarle por este jardín.

– Joven, esto es el resultado de años de investigación, no tengo respuestas, sino experiencias, lo que puede ver es mi mátesis, es la aplicación de mis conocimientos de la esotérica cábala hebrea, el teosofismo ruso, le aconsejo recorrer con calma el lugar y verá hasta donde puede llegar.

Sergio, este no es otro tipo de laberinto, efectivamente es una tesis o algo por el estilo. No hay respuestas, hay experiencias. Esto es una vida completa de estudio, el hombre se quemó las pestañas leyendo, y en vez de escribir… cultivó rosas.

Debemos decirle esto a Karlés.

– Virgilio, Carlos tiene en sus manos documentos de una sociedad iniciática a la que Borges perteneció, lo que buscaba al perderse en laberintos y libros encierra siglos de historia.

Aprovechemos de entender a Borges, caminemos por acá, Sergio. Parece ser sólo un pequeño jardín; no obstante, el tamaño varía cuando te pierdes en sus recovecos. Pueden verse las raíces de cada arbusto, al agacharte y contemplar al otro lado, aparece un lugar distinto al que debiera estar al frente.

– Virgilio, posees el don de ver bajo el agua y no eres capaz de ver más allá de lo evidente. Tan niño y tan anciano a la vez…

El sol nos envuelve, los bordes del jardín parecen estar cerca, tras cada seto hay otro lugar diferente.

Sergio, esto es una obra de relojería, este jardinero está torciendo la realidad con flores, tierra húmeda y arbustos. No logro entender como flexiona el espacio mediante vegetales, debe ser una especie de alquimia vegetal, lo que me hace ver lo importante de leer cada libro que tengo al frente, sino podríamos entender mejor lo que vemos.

– Virgilio, este jardinero ha leído sobre cómo curvar el espacio sin usar gravitones ni otras invenciones de la mitología posmoderna, si lo intentas entender con ciencia, no comprenderás sus experimentos.

– Sergio, siempre he pensado que la alquimia y la química son dos formas diferentes de abordar la realidad que se conectan con la fìsica cuántica y la teoría de sistemas.

– Eso nos diferencia, Virgilio. Tu eres joven, aún.

abril 2014

Este trabajo ha sido liberado para los Comunes, bajo licencia copyright de tipo Creative Commons- Atribución –  No Comercial, puede ser usado sin fines de lucro bajo las libertades que da la misma.

Corrección de estilo: Marcela Reyes